El fotógrafo de la Metáfora
Organizada por Instituto de Estudios Bercianos, la Casa de la Cultura de Ponferrada acoge una muestra sobre el fotógrafo Bernardo Alonso Villarejo, que estará en la sala de exposiciones hasta el próximo 29 de febrero, en horario de lunes a viernes de 18 h. a 21 h. y los sábados de 10 h. a 13.
Don Bernardo Alonso Villarejo nació en Bembibre el 19 de noviembre de 1906. La circunstancia de pertenecer a una familia de industriales de esa villa determinó su formación y su trayectoria vital. Estudió bachillerato en el colegio de Don Ramón Belinchón, ubicado en la capital leonesa y que más tarde se llamará Colegio Leonés. Quiso estudiar ingeniería naval en la ciudad de La Coruña, pero un problema físico, pues era daltónico, y la muerte temprana de su padre impidió que pudiese cumplir su deseo.
Alonso Villarejo no es ningún desconocido para los bercianos. Su segundo apellido es el que daba nombre a los populares almacenes fundados por su familia, a principios del siglo XX en Bembibre, y que años más tarde abrieron también casa en Ponferrada. Tampoco es ningún desconocido en el mundo de la fotografía, pues varias obras suyas fueron galardonadas con diversos premios, allá por la década de los 50, en distintos lugares de España: Ponferrada, Bilbao, Canarias, Vigo, Villagarcía de Arosa, Córdoba, Pontevedra, Reus, Zaragoza, Gerona, Zamora. (#1)
El Instituto Leonés de Cultura ha rescatado las fotografías de este artista que vivió en el anonimato para publicar y asi continuar así con la recuperación de la memoria gráfica provincial que la Diputación Leonesa viene procurando desde hace algún tiempo con la publicación de la obra de los más destacados fotógrafos de la provincia. (#2)
(Extracto de Biografía: www.dipuleon.es )
La nueva situación no fue disculpa para no continuar formándose a título personal. Desde su juventud y a lo largo de su vida frecuentó París, un modo de aprender francés y al tiempo un medio para ampliar sus deseos de conocimiento, que complementó con múltiples viajes por España y Europa. El perfil de persona estudiosa y autodidacta estaba iniciando su trazo.
El 4 de septiembre de 1931 contrae matrimonio a los veinticinco años con Doña Elisa Rodríguez Fernández, nacida el 29 de diciembre de 1908 en Bembibre, unión que no ha tenido descendencia. Con ella compartirá el avatar de su existencia como persona adelantada a su tiempo y como industrial, condición ésta que asumió con su hermano Francisco al morir su madre en 1955. Desde entonces ambos se hicieron cargo de los conocidos “Almacenes Villarejo” de Bembibre y de la tienda abierta en Ponferrada, negocios familiares fundados en 1896 por la familia de su madre, Doña Victorina Villarejo, que heredaría y regentaría con la ayuda de su marido Don Francisco Alonso, padre de Don Bernardo.
La bonanza económica de la minería berciana facilitó su prosperidad, lo que contribuyó a que la familia edificase una casa en la Plaza Mayor de Bembibre, de estilo modernista, que hoy es una referencia arquitectónica del urbanismo bembibrés.
Don Bernardo fue hombre independiente, metódico, disciplinado, hipocondríaco, solitario y algo taciturno, pero también exquisitamente educado, comedido, culto y convencido de sus ideas. Fue un ávido lector de los filósofos griegos, especialmente de Platón, de la literatura española del Siglo de Oro, con El Quijote como uno de los predilectos, y de los autores de las generaciones del 98 y del 27. Conoció tanto la literatura inglesa, especialmente a Gilbert Keith Chesterton, como la alemana, de la que fue asiduo a través de la obra de Thomas Mann.
… En el mecenazgo encontró una fórmula para aplicar tales argumentos y una manera de ser coherente con sus ideas. Puesto que las posibilidades económicas se lo permitían, contribuyó con aportaciones pecuniarias y donaciones a la mejora y progreso de Bembibre. Sufragó actividades culturales, escolares y deportivas; financió la instalación de los juegos infantiles de los parques públicos de la localidad; construyó casas para trabajadores e hizo aportaciones económicas para que se hiciese la Residencia de la Tercera Edad “El Santo”; apoyó la creación y edificación de la Casa de Oficios, el Museo local del “Alto Bierzo” e incluso donó los terrenos de la actual plaza que lleva su nombre, anteriormente llamada de Don Quijote por expreso deseo de Don Bernardo, ya que nunca quiso ningún tipo de notoriedad que ensalzase su persona. En este sentido fue un prócer sumido en la humildad que anteponía el bien público como principio social y de convivencia. Por tal motivo se reconoció su hacer benefactor al concedérsele la Medalla de Oro de la Villa y al ser nombrado Hijo Predilecto de su pueblo natal en 1998, honor que no pudo recibir en persona porque falleció poco antes de hacerse realidad el homenaje que había surgido de sus convecinos. Era la respuesta del pueblo hacia una persona respetada y respetable, arraigada en su tierra natal pero desde la universalidad de una formación abierta y plural, siempre ajena al localismo que se contempla y regodea en sí mismo y que apenas genera avance alguno.
La desazón del inmovilismo y las sinrazones que tanto rechazaba aparecieron de forma más dramática con motivo de la guerra civil española. Fue un momento en el que procuró buscar la conciliación desde la cordura y sentido humanitario que no siempre fueron comprendidos. La guerra le llenó de pesadumbre como al resto del país y quizá por ello siempre se mantuvo al margen de la política.
La insana palidez de semejante experiencia nada tuvo que ver con su recreada afición al coleccionismo de sellos y relojes y al cultivo de sus dos verdaderas pasiones: la poesía y la fotografía. Como poeta, es inédito, y como articulista sólo publicó ocasionalmente en la prensa local.
La faceta de fotógrafo aficionado fue descubriéndose tímidamente en los certámenes nacionales y provinciales a los que acudía, donde por regla general era galardonado [Premio Nacional de Ponferrada (1953), Medalla de Exaltación de los Valores Leoneses (1954), Premio de Zaragoza (1956), Premio de Recursos Técnicos de Gerona, Premio Nacional de Córdoba (1955) así como otros de Bilbao, Vigo, Pontevedra y Canarias].
Participó en exposiciones colectivas nacionales (León, Madrid, Barcelona) y extranjeras (Londres). Sus fotos ilustran libros, revistas, programas o visten las paredes de centros institucionales. Fue miembro de distintas asociaciones fotográficas de Ponferrada, León y Cataluña. Su hacer tuvo como recompensa las exposiciones que en 1986, en 1989 y en diciembre del año 2003 se realizaron en Bembibre. No obstante, lo mejor de su obra ha permanecido inédito, razón que ha motivado esta muestra antológica y este catálogo.
Su pasión por la fotografía había comenzado en torno a los años cincuenta, incluso, con anterioridad. Con la Leica M3 y la Rollei inició un camino que le ha llevado a ser uno de los fotógrafos leoneses de mayor interés. Posteriormente adquiriría otras cámaras de las marcas, Mamiya y Yahsica.
En cada paseo, en cada viaje, la cámara era una parte indivisible de su figura. Su amigo Baldomero Carro, que le acompañaba muchas veces en las caminatas, le prevenía de su intrépido afán por conseguir la fotografía que deseaba obtener. Y lo hacía allí donde estuviese, ya fuera en la tierra donde nació, en León, en Madrid, en París, en la Costa Azul o en cualquier ciudad europea por donde viajó.
Paisajes, marinas, retratos familiares (especialmente de su madre, por la que sintió verdadera devoción), bodegones, nocturnos, escenas infantiles o con valor etnográfico componían la variedad de sus temas preferidos. La presencia humana era una constante y sus entornos una fascinación próxima a la pintura de Amable Arias, abierta a la plasticidad y colorido del paisaje berciano y de la ribera del Boeza en particular. Con él se relacionó, como también con el fotógrafo ponferradino Emilio Valiño y el escritor Antonio Pereira.
Así fue surgiendo y acumulando un legado en blanco y negro que ha puesto de manifiesto su evidente capacidad artística. Ninguna foto era producto del azar, sino una reflexiva meditación -casi concepción filosófica y poética-, salvaguardada por los encuadres, las perspectivas y la expresividad que personalizó su obra y reflejó la manera de recrear su mundo individual, acaso la soledad.
A través de los documentos gráficos que captó se abre al observador la ventana de su sensibilidad y sentido plástico de la luz y composición, que han pasado a ser memoria y legado hasta ahora casi oculto para la gran mayoría, desde que su autor dejase de existir el 25 de septiembre de 1998, a los 91 años. Con él murió uno de los últimos románticos del siglo XX, un mesurado fotógrafo que fue un magnífico intérprete de la realidad y de la metáfora a través de la imagen fotografiada.

