Otra Historia es Probable.

Etiquetas:, — ebierzo | 23 Marzo 2008 |

eBierzo.com presenta en primicia editorial un fragmento de Nihil obstat, ensayo de don Aquilino Fernández Artelo con el que remata la obra inconclusa de su maestro, Walter Ego. (Una nueva colaboración desde la Constelación18)

Desde este recuadro gris (fiel a los pétreos principios de la ciberbitácora que lo acoge, infatigable promotora cultural de esas ramas de la creación literaria y el conocimiento que generalmente encuentran poco eco en los autoproclamados «medios de comunicación») queremos hacer publicitar (sin ánimo de lucro) un fragmento del ensayo Nihil obstat con el que don Aquilino Fernández Artelo finaliza el trabajo que dejó inconcluso su maestro, nuestro añorado Walter Ego, antes de emprender su viaje al futuro. El título, marca de la escuela Ego, es un juego de palabras que sólo se alcanza a comprender tras leer (y asimilar) las 1467 páginas; pero el subtítulo, «De la defensa de la idoneidad del término descubrimiento para nominar el hallazgo de las Yndias occidentales y del origen americano del nihilismo», es una descripción bien arteliana, plena de sugerencias que supera la capacidad de enseñar de muchos de los ensayos que podemos encontrar en los estantes de las librerías. El tratado verá la luz en una nueva colección de ensayo de las EDICIóS DA MITOCONDRIA S. I, que será presentada, si las potestades lo permiten, dentro de la ubérrima programación cultural de las fiestas patronales de San Matías Casquero (Ávila)

« (…) Cuando, en el Paleolítico alto, miles de homínidos cruzaban sobre un hielo que no sabían identificar, dada su escasa formación geográfica, con el estrecho de Bering llegaron a la nada. La llamaron así (“Nada”) en su gutural e impronunciable lengua porque era una enorme extensión blanca (desde siempre el blanco ─al igual que su opuesto, el negro─ representan para los humanos el vacío). Del otro lado del estrecho reinaba el blanco, el blanco eterno, el mayor de los vacíos y los sapiens comprendieron por vez primera la auténtica dimensión de su existencia. Hasta aquel instante estaban dominados por la euforia de sentirse señores de la creación: eran los vencedores de la I Guerra Mundial en la que los aliados derrotaron a los terribles neardentales, eran los amos del fuego, los talladores de piedra, los más expertos recolectores y agricultores y hasta habían diseñado una religión (a la que nominaban con el mismo gruñido que a su balbuceante “ciencia”) omnicomprensiva. Pero el vacío se les escapaba. Pisando la nada no estaban y desaparecieron lentamente en la intuición de un universo que sentían infinito pero limitado. Uno de los chamanes se apresuró a afirmar «Dios ha muerto», otro replicó, esgrimiendo su guitarra: «Dios está aquiiiiií» y el tercero, el primer filósofo, señaló: «Aquí no hay ni Dios». A partir de las tres revelaciones se formaron sendas sectas que han determinado sustancialmente la posterior evolución del ser humano.

 La primera, liberada de la coacción que el Derecho Natural suponía para el hombre penetró en la Nada. El chamán pasó a no ser uno más del inexistente grupo que avanzó hacia el sur de Nada (perdón por la tremenda imprecisión) haciendo el indio, ya saben que «si dios no existe todo está permitido». Estos sapiens establecieron civilizaciones absurdas con idiomas infantiles que sólo conocían el infinitivo y vivieron en tipis, a los que llamaron “nada”. No todos aceptaron aquella lógica fundada en Nada y los inadaptados continuaron avanzando hacía el sur y se colocaban cada vez más plumas en la cabeza llegando a elevar absurdas pirámides de piedra a las que decidieron llamar, para remarcar lo inútil de todo nombre en el más absoluto vacío, con la misma palabra que sus hermanos del norte emplearon para nominar a sus tiendas de cuero portátiles. Sin leyes que les coartaran no fueron cruelmente ─homo hominis lupus─ y se comieron todos los caballos del continente, sacrificaron a las vírgenes e inventaron (segunda acepción) las matemáticas.

 La segunda secta ─la que nació cantando “Dios está aquí”─ también fue consecuente con la revelación recibida: «Si Dios es Nada ─dijo su chamán tras terminar la balada─ nosotros hemos de establecernos a su lado. Si Dios es blanco nosotros nos desplazaremos en trineo sobre su epidermis. Si Dios nos quiere, le hemos de llamar Padre» Las primeras semanas de este grupo estuvieron presididas por largos debates en los que desarrollaron aquellas primera ideas del Profeta. Por consenso establecieron los dogmas: la proscripción del canibalismo y del incesto, el matrimonio poligínico, la bondad correspectiva (claro antecedente del imperativo categórico kantiano) y la necesidad de separar el poder espiritual del terrenal. Terminados los debates descubrieron el estado de enajenación en que habían caído sus hermanos del primer grupo y les impusieron una ancha frontera que les prohibieron rebasar so pena de existencia y posterior decalvación. Los indios, temerosos de perder sus irreales trenzas, aceptaron los mojones a los que decidieron llamar ─de mutuo acuerdo con sus parientes del norte─ Acá Nada y rompieron para siempre sus relaciones sobre la base del principio “Si no existes, no te hablo”, lema en que resumieron para la prensa el tratado de secesión.
 El tercer grupo (…) ».

2 Comentarios »

  1. El tercer grupo que, Sergio…

  2. Es un avance editorial… Así si te quedas con ganas igual compras el magnífico ensayo de Aquilino. Muy pronto en tu librería de Guardia.

    Gracias por leerlo ( y querer más)

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