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Causalidad
Un cuento de Sergio B. Landrove.
Álvaro hablaba por el móvil con Elena mientras agosto le castigaba con su bochorno. El enamoramiento le daba fuerzas para arrancar palabras suaves del vientre del verano. Se llamaban …
Un cuento de Sergio B. Landrove.
Álvaro hablaba por el móvil con Elena mientras agosto le castigaba con su bochorno. El enamoramiento le daba fuerzas para arrancar palabras suaves del vientre del verano. Se llamaban dos o tres veces al día para decirse vi tal, me crucé con cual,… Personas, cosas y situaciones con las que intentaban romper la distancia. Mientras compartían lo hecho por la mañana, Álvaro andaba lentamente, calle arriba y abajo, sin alejarse demasiado de la puerta de su oficina. Desde el recibidor el portero le sonreía recordando escenas similares que él, en su juventud, había protagonizado. La sombra de Álvaro refrescaba una pequeña parcela de la acera. A aquel oasis llegó una araña que aliviada se detuvo a reposar. Al instante, (el enamorado había cambiado de sentido) los rayos del sol volvieron a caer a plomo sobre el animalito que contempló asombrado como la dulce oscuridad se alejaba. Pasado un rato el frescor volvió a arroparlo, miró hacia arriba y descubrió la fuente. «Va y viene el hombre a un ritmo fijo», calculó tras varias vueltas de Álvaro, «si me coloco allí estaré fresca durante todo su trayecto». La araña se subió a una piedra que estaba casi en el centro de la órbita de Álvaro.
La conversación, como siempre, se expandía sin límites y la araña, a la sombra, recuperó la calma que le había robado el sofoco. «Claro, lo vi esta mañana: es la edición que estabas buscando… », continuaba Álvaro feliz. Inmerso en el «nosotros» que iban construyendo con su amor era ajeno, entre otros miles de cosas, a la araña y al cerco de sudor que se extendía por su espalda y sus sobacos. « ¡No me digas! ¿Y qué tal anda?»
El calor apretaba aún más pero el insecto, abandonado al amparo del enamorado durante más de media hora, ya lo había olvidado. «He de colgar», dijo Álvaro por tercera vez, «ya son las cuatro y veinte». Pero pronto olvidaba las prisas y la necesidad de cumplir un horario para habitar el cuarto de jugar que era su conversación con Elena, una habitación inmune a planes preconcebidos y obligaciones; que siempre escondía una sorpresa bajo la alfombra o detrás de una butaca. « ¿Ya? Ha pasado tan rápido… Mil besos. Luego te llamo. Es un placer. Te quiero.»
Álvaro colgó el teléfono. La vuelta a la realidad le hizo ser consciente del sudor que empapaba el brazo con el que había sostenido el celular, el pecho y la espalda. Su camisa había oscurecido y se le pegaba al cuerpo pero en su cara reinaba una sonrisa. Guardó el teléfono en el bolsillo y entró en el portal. El aire acondicionado del edificio le golpeó de lleno. En la calle la araña tampoco fue capaz de resistir bajo el insoportable calor que dejó su ausencia.
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FE DE ERRATAS:
Donde dice “insecto” ha de decir “arácnido” o “bicho” o “animalito”.
Gracias Ricardo y Miguel por la corrección.
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