Los alumnos de la Universidad de la experiencia presentan El Velorio

Etiquetas:, — ebierzo | 27 Mayo 2008 |

Mañana miércoles 28 de mayo, a las 19h, los alumnos de la Universidad de la Experiencia representarán una obra de teatro. Será en la Casa de la cultura de Ponferrada. La entrada es libre y gratis para todo el mundo. La obra, cuyo título es El Velorio, es una adaptación, bastante libre, de Rosa de papel de Valle Inclán. El Velorio trata sobre la avaricia, la lujuria y la muerte. Se han reescrito casi todos los diálogos y suprimido o añadido algunos personajes, etc.

Hay dos personajes centrales: La Floriana y Julepe, su marido. La Floriana es una mujer sufridora, castigada por la vida, moribunda y/o muerta, que comienza narrando su desgraciada vida, desde el más allá, como el personaje de algún cuento de Rulfo, y al final de la obra la vemos de nuevo repitiendo algunas de las frases con que inicia su relato. Es como el muerto narrador que vemos en Sunset Boulevard de Billy Wilder, aunque su forma de hablar nos recuerde a la narrativa con que inicia Cela su Cristo versus Arizona. Julepe, por su parte, es un bebedor y mujeriego, que maltrata a su esposa. Son un total de 9 personajes interpretados por mujeres, salvo un hombre, Julepe.

Para los más aficionados este es el guión de la obra:

TÍTULO: EL VELORIO, TRAGICOMEDIA INSPIRADA EN UNA OBRA DE VALLE-INCLÁN

DRAMATIS PERSONAE

Presentadora/s: Una misma persona con dos rostros, dos expresiones y dos voces antagónicas (una seria y la otra alegre y dicharachera) presentan la obra, a la vez que van girando sobre sí mismas, de modo que se logre cierta comicidad. La indumentaria se corresponderá con sus actitudes: una desenfadada y colorida, la otra negra y fúnebre.

Muerta (narradora). Está amortajada, con la cara blanca. Su pose es serena y su voz de ultratumba. Se llama Floriana (La Encamada).

Julepe (marido de la muerta). Viste como un vagabundo, de modo harapiento. Tiene las manos y rostro tiznados. Tufa a alcohol. Tiene mala leche y habla con atropello, debido a su melopea.

Musa (La): Es una viejecita cascarrabias y encorvada, cotillona y avara. Tiene voz gruñona, y es muy devota de santos y vírgenes.

Disa (La): Es una cotilla con retranca, sarcástica, con aire andaluz, agitanada, incluso en su deje, que confía en el poder de la medicina. En cambio, no se fía de los curas ni de la religión.

Luju (La lujuriosa). Enredadora y seductora, algo mística en su hablar. Le echa los tejos a Julepe porque cree que de este modo conseguirá su dinero. Su destino es trágico.

Coro de Rapazas: Hijas de Julepe y Floriana, crías con trencitas que parecen adultas pero hablan como niñas.

Voces de la Calle: Mujeres con vozarrón impositivo que intentan defender a La Musa y La Disa de las garras de Julepe.

Mujeres de rosario: Lloran y rezan, a modo de plañideras, por las muertas. Y largan letanías y retahílas varias.

Voz de alma en pena: Voz del más allá.

La Pingona: Una mujer con voz pausada, algo trascendental. Es como una breve aparición.

ESCENA 1. Presentadoras.

Buenas tardes, señoras y señores. Van a ver una obra cuyo título es El Velorio. Es una adapatción libre, y diría que hasta libérrima… de una obra de Valle-Inclán, un Valle al que pretendemos darle nuevos aires, ustedes juzgarán. En esta obra hemos trabajado con esfuerzo y entusiasmo los alumnos, digamos teatreros, de la Universidad de la Experiencia. Esperamos que nos les produzca pesadillas, porque vamos a contarles una historia de avaricia, lujuria y muerte, muerte, sí, la pelona… la muerta… muerta… muerta… levántate y cuéntanos.

ESCENA 2. La muerta

Vemos incorporarse a una muerta que nos va a relatar la historia, su historia.

La muerta, de pie y de cara al público, con pose serena y voz ultratúmbica, comienza su narración:

Permítanme que les cuente esta historia, mi historia, nomás, no se la van a creer, no importa, lo que importa es contar, contar y contar… aunque sea con gusanos en la boca, ahora recuerdo, déjenme recordar, ah, sí, no estoy segura de lo que voy a decir, pero espero tengan compasión… Empezaré diciendo que me llamaban Floriana, sí, Floriana Cantarrana, Floriana Cantarrana Espana, quizá fuera España, qué más da, como yo nunca vi escrito mi nombre, puede que no fuera ni Espana ni España ni nada, disculpen el poco orden que llevo en el relato, pero como nunca me mandaron a la escuela, ni hablar sé, lo que sé es que aquel día decían… alguien decía… que se nos va la Floriana, que se nos va, y ya no recuerdo más, aquello se me quedó clavado como un cuchillo en el alma, y sigo con el dolor, un dolor que a veces se me hace insoportable, porque yo siempre fui una sufridora, que ya me lo decía mi madre, que en paz descanse, Floriana, hija, mira bien a quien te arrimas, que con lo que vistas y calces así andarás por la vida, y yo nada, ni caso, fíjate, hija, y no vayas a casarte con un hombre malo,que algunos hombres son peor que las serpientes, y si te toca uno de esos, como me tocó a mí, estás perdida, y yo nada, acabé con un balarrasa, jugador y mujeriego hasta decir basta, y eso que en el pueblo los mozos me tenían estima, y algunos me pretendían, que sí Floriana, que tú vales mucho, que estás más buena que el pan, que necesitas alguien que te quiera y te ayude a salir adelante, pero como yo siempre fui algo cuitadina acabé con el peor, y esto no lo digo por decir, que en el pueblo todos saben cómo me trató este melopeas, que no sabe más que chupar y chupar, y andar de picos pardos, y una a trabajar como una burra, si lo hubiera sabido ni en pintura me pillaba éste, pero me pilló y bien pillada, y hasta me quitó lo poco que gané con el sudor de mi frente, que ni las rapazas supieron en verdad de la mala vida que me hizo este condenado, que las crías para eso son crías, y ellas ni fu ni fa, y así es mi historia, que les cuento, eso sí, sin orden ni concierto, pero ustedes sabrán disculpar, a esta pobre analfabeta que ni un respiro le dieron, que ni las vecinas me ayudaron a salir adelante, que alguna hubo bien arpía, pero esto ya pasó, aunque no logro quitarme de la cabeza una voz, una voz que me golpea como un mazazo, unas voces que decían: que se nos va la Floriana, que se nos va…y ahí me quedé.

La muerta recula despacio hacia su camastro, y se tumba en el mismo.

ESCENA 3. Aparece Julepe en escena, dando tumbos, suelta algunos eructos, y revira los ojos. Su aspecto desaliñado y sus vaivenes lo delatan. Se ve cómo intenta buscar algo sin conseguirlo. Al final, nos damos cuenta de que Julepe busca sus llaves para entrar en casa. Luego de trastabillear encuentra las llaves y se dispone a abrir la puerta de casa con ciertos inconvenientes. Abre la puerta al tiempo que se balancea hacia adelante, sin llegar a caerse.

FLORIANA: Ay, ay, ay, condenado, deja de hacer ruido, que me estás acabando de matar, so pendejo.

JULEPE: Tú, ni rechistar. Achanta el pico.

FLORIANA: Anda borrachón, vete a espantarla, que yo bastante tengo pa’ mí.

JUPELE: Cuidadín con los insultos, no se te vayan a empachar.

FLORIANA: No me busques, Julepe, que no estoy para juergas.

JULEPE: Tú ya no estás pa’ nada, mujer.

FLORIANA: No me digas eso, Julepe, no seas malo, que algún ser poderoso, si lo hubiere, te acabará condenando a los infiernos.

JULEPE: En el infierno estás tú, querida, y aún no te has enterado.

FLORIANA: Mal cristiano, y mala ralea tienes, eso es lo que tú eres, Julepe.

JULEPE: No des la murga a tu Julepe, sobre todo a estas alturas del juego.

FLORIANA: Ay, ay, ay, qué será de mí, y cuando me vaya para el otro barrio, qué será de las rapazas.

JULEPE: Si sigues así, dándome la pelma, voy a tener que dejarte, porque sino acabaré metiéndote una zurra.

Vemos a Julepe en situación de abandonar la casa. Se queda parado al lado de la puerta, borracho como una cuba, mientras tanto Floriana (La Encamada) se incorpora con un gemido.

FLORIANA: Ay, ay, ay, me está llegando la hora, Julepe.

JULEPE: Hip, hip, qué pasó Florianita.

FLORIANA: Sabes, Julepe, en este burujo de trapos tengo cosidos siete mil reales.

JULEPE: (Se le abren los ojos como platos): Qué, qué dices, mujer, qué tienes qué.

FLORIANA: Toda la vida trabajando como una burra para que tú los derroches en la Taberna.

JULEPE: A ver ese burujo, que dices, donde lo tienes cosido.

FLORIANA: Palparlo sí, pero no te lo lleves, aún no, al menos mientras yo tenga un soplo de vida.

JULEPE: Déjame verlo, solo un poquito, que la vida te está dejando (y al decir esto parece que se le cae la baba).

FLORIANA: No te impacientes, Julepe, que tuyo será, cuando yo me vaya, pero acuérdate de nuestras hijas.

JULEPE: Así lo haré, y deja de recordármelo, que me atormentas.

FLORIANA: Te cononozco como si talmente te hubiera parido, Julepe, y no me fío de ti.

JULEPE: No me insultes, Floriana, que la vamos a tener antes de que nos dejes, y no quiero por nada del mundo, tengamos la fiesta en paz.

FLORIANA: Bajo el refajo lo tengo. Espabílate.

JULEPE: Qué santa eres, Floriana, ahora me doy cuenta.

ESCENA 4. Se oye un ruido. Alguien pica a la puerta. Entonces Julepe se esconde detrás de la puerta de entrada. Son dos vecinas cotillonas, viejecita encorvada una y donairosa la otra, quienes pican a la puerta.

FLORIANA: Quién demonios viene a acabar conmigo.

VOZ DE UNA COTILLONA (LA MUSA): Somos nosotras, la Musa y la Disa, tus comadres.

FLORIANA: En mal momento llegáis. Pero ya que estáis entrad, que la puerta está abierta, sólo tenéis que empujarla.

Se ve a la Musa y La Disa entrar en la casa, mientras Julepe acecha en silencio tras la puerta.

LA MUSA: ¿Cómo te encuestras, Floriana?

FLORIANA: Acabando, no me ves.

LA MUSA: La verdad, Floriana, no tienes buena cara.

LA DISA: ¿Por qué no llamamos al médico para que la sane?

LA MUSA: Lo mejor es que llamemos al cura para que la despache.

FLORIANA: Cura no, por Dios, médico sí.

LA MUSA: Dígamosle unas misas a esa casi difunta.

LA DISA: Pero no crees, Musa, que deberíamos avisar al médico antes de que se nos vaya.

LA MUSA: Déjala estar, y que descanse en paz.

FLORIANA: Dejadme en paz, que no os necesito. Por favor iros de esta casa.

LA DISA: Pero Musa, hagamos algo por ella, para que al menos no nos remuerda la conciencia.

LA MUSA: Démosle la bendición eterna.

FLORIANA (se le revira la mirada): Espantáime ese gato que tengo en la cama

LA DISA: Pero dónde está el gato

LA MUSA: No te das cuenta que ya está delirando, el delirio es lo que antecede a la muerte.

FLORIANA: Espantáime ese gato que me está entrando en lo hondo del alma.

ESCENA 5. Vemos a Julepe incorporarse, y con pasos de borracho se dirige a las cotillas.

JULEPE: Rediós, Manos en alto.

LA MUSA: No des escándalo, que la mujer ya está agonizando

JULEPE: A treinta pasos de esta cama os quiero ver.

LA DISA: Pero este rueifuelle parece que estuviera poseído.

FLORIANA: Espantaime ese gato.

LA MUSA: Te está echando a ti, tú eres el gato, Julepe.

JULEPE: Soltad lo que habéis robado, o moriréis aquí mismo.

LA DISA: Pero qué tontadas dice este borrachón.

JULEPE: ¿Quién de vosotras robó los siete mil reales?

LA MUSA: ¿Qué siete mil reales?

JULEPE: Los que estaban en el burujo.

LA MUSA: Qué dice del burujo, ni que cuentos chinos. Pero borrachón, si no sabes ni lo que dices.

LA DISA: Qué desgraciado, este Julepe. Pobre Floriana, dile a tu esposo, pero díselo antes de que te vayas, qué nada te hemos robado.

FLORIANA: Espantaime ese gato…ay, ay, ay

JULEPE: O devolvéis lo robado o ya no salís de aquí.

LA MUSA: Arrodíllate, Julepe, que llegó la hora

JULEPE: Qué dices, vieja bruja

LA DISA: Qué ya está fría. Qué ya entregó el alma. No la ves, no la hueles.

JULEPE: Malditas, habéis acabado con ella. Si no aparece el dinero me como vuestras entrañas aquí mismo.

LA DISA: Deja el tema, grandísimo borrachón, y respeta la muerte.

LA MUSA: Déjanos rezar un rosario por la finada.

JULEPE (insistente): Si no aparece el burujo os coso a puñaladas.

Julepe remueve el cuerpo de la difunta.

JULEPE: Rediós, aquí no hay nada. Disponeros a morir, ladronas, maulas.

LA DISA: Mala centella te abrase, borrachón

JULEPE: Nada, nada, aquí no hay nada. A morir, ladronas.

LA DISA: Socorro, socorro, vecinos, que Julepe nos quieredegollar.

LA MUSA: Si cojo el bastón, te lo mido por todo el cuerpo.

ESCENA 6. EXTERIOR CASA.

Aparecen asomadas a la ventana unas crías, son las hijas de Julepe y Floriana.

CORO DE RAPAZAS: Ay, nuestra madre, nuestra madre, qué se nos fue.

JULEPE: Ante vuestras miradas inocentes voy a acabar con estas malas mujeres.

LA DISA (agarra unas tijeras): Ven aquí, borrachón, que te las clavo en todo el corazón.

LA MUSA (levanta el bastón): No te menees que te rompo la crisma.

CORO DE RAPAZAS: Ay, ay, mi madre, mi padre…(repiten)

Julepe se tira de los pelos, porque se siente impotente ante las comadres.

VOZ DE ALMA EN PENA: El burujo de los cuartos está escondido en lugar seguro.

JULEPE: ¿Qué dice esta ánima?

LA MUSA: Gracias a Dios, que nos salva esta ánima caritativa.

VOCES DE LA CALLE: ¿Qué está pasando ahí dentro? ¿Sois almas en pena o hijas de…?

LA MUSA: Somos dos mujerucas

LA DISA: Que alguien nos eche una mano, socorro, que Julepe, el borrachón, quiere acabar con nosotras, pobres infelices.

VOCES DE LA CALLE: Abre la puerta, Julepe, antes de que sea demasiado tarde.

LA MUSA: La Floriana ya las entregó

LA DISA: Y deja un buen gato la Floriana, qué bien callado se lo tenía.

VOCES: Abre la puerta, Julepe, por las buenas, o tiramos la puerta abajo.

LA DISA: Este fantasmón echó el cerrojo para matarnos

LA MUSA: Este matarife quería sangre en el velorio.

LA DISA: Vivas estamos, de milagro

VOCES: Abre, Julepe, te lo suplicamos, o será peor.

JULEPE: Ahí va la llave. (Lo vemos cómo arroja la llave a la calle).

Mientras tanto, Julepe encuentra el dinero que está escondido en el burujo, el que la muerta tiene cosido al refajo.

ESCENA 7.

CORO DE RAPAZAS: Mamá Floriana, Mamá, no te vayas, no nos dejes

DISA: Qué joven y guapa está la Floriana, amortajémosla como Dios manda para que parezca una novia.

LA MUSA: Amortajémosla, y hagámosla parecer reina.

CORO DE RAPAZAS: Mamá, mamá…no te vayas, no nos dejes.

LA DISA: Estas churumbelas, en realidad, aún no saben el bien que han perdido.

LA MUSA: Y buen capital que deja la Floriana, y buen disgusto nos dio Julepe por este dinero. Nadie le hacía un gato tan grande a la Floriana.

LA DISA: Ni que decirlo. Se me hace mucha plata, la que dejó la Floriana.

LA MUSA: Mucha plata, y tanta, miles de reales que irán a parar a la taberna, en chupeira, como es habitual en Julepe.

CORO DE RAPAZAS: Mamá Floriana, no te vayas, no nos dejes (repiten)

ESCENA 8.

Hace entrada una vieja pingona.

PINGONA: Estas rapazas nos rompen el alma, que va a ser de ellas.

LA DISA: Ya habrá quien las cuide.

PINGONA: Como no seas tú.

LA DISA: Pa’ mí tengo de sobra.

PINGONA (se acerca a la muerta): Para ser mujer trabajada tiene manos de princesa. Parece talmente una novia.

LA DISA: Y más, es un ángel.

JULEPE: Floriana, cuánto te quería, y ahora te me has ido, dejándome a mí y a nuestras hijas sin madre.

LA MUSA: Calla, borrachón, que hasta la muerta parece escandalizada con tus palabras, tus palabras engañosas.

LA DISA: Date un nudo a la garganta, Julepe.

JULEPE: Rediós, qué insinúas.

LA DISA: Lo que oyes, grandísimo bribón.

JULEPE: Fuera de aquí, beatas y alcahuetas.

LA DISA: Calla, escandaloso.

JULEPE: Estoy en mi casa, y digo lo que quiero.

LA DISA: Serénate, Julepe.

Julepe se abraza al cadáver y grita frenético. Las mujerucas se retiran con los brazos en cruz.

ESCENA 9.

Aparece en escena una mujer con aires seductores. Se acerca a la muerta, y saluda a JULEPE con un beso.

LUJU: Te acompaño en el sentimiento, Julepe, la verdad es que Floriana no andaba bien últimamente.

JULEPE (que aún no ha espantado la moña): Llegan tarde tus lamentos.

LUJU: Tu infidelidad debió de clavársele en el pecho, y a partir de ahí llegó su mala hora.

JULEPE: No me atormentes ahora, Luju.

LUJU: A partir de este momento seremos libres y podremos gozar, como Dios manda.

JULEPE: No blasfemes, Luju, que nunca seremos libres; métetelo en la cabeza.

LUJU: Pero podremos amarnos sin tapujos y sin engaños.

JULEPE: Aquí no, Luju, aquí no, respeta la muerte.

LUJU: Vivamos el deseo, ahora que podemos

JULEPE: Hasta aquí llegamos (y al tiempo que se lo dice, la estrangula, a pesar de la resistencia de La LUJU).

ESCENA 11. Hacen su entrada las cotillas, etc. A modo de plañideras unas lloran y se lamentan de lo ocurrido por la muerte de La Floriana y La Luju. Vemos a estas mujeres rezando el Rosario: Dicen plegarias y recitan retahílas varias:

Para que Julepe no se vaya con pilinguis –ORA PRO NOBIS. Para que Julepe deje de empinar el codo –ORA PRO NOBIS. Para que Julepe no se gaste con La Luju los siete mil reales que con tanto esfuerzo ahorró la Floriana –ORA PRO NOBIS. Para que cuando la Floriana llegue al cielo, San Pedro le abra la puerta con la lleve grande –ORA PRO NOBIS. Para que la Floriana, desde el más allá, le dé un buen susto a Julepe por hacerla sufrir en este valle de miserias, del que nadie queremos irnos -ORA PRO NOBIS. Virgen de los desamparados, acógela en tus brazos. Virgen del Camino Seco y Tortuoso, déjala que se apoye sobre tu hombro, Virgen Inmaculada, no nos mandes enfermedades ni pesadillas, que ya tenemos bastante con ver a Julepe cada día, Dios misericordioso, ruega por nos, no nos dejes caer en la tentación y líbranos de todos los males.

ESCENA 12. LA MUERTA

Reaparece Floriana como al principio de la narración.

FLORIANA: Me llamaba Floriana Cantarrana Espana, se acuerdan, quizá fuera España, bueno, no lo recuerdo bien, porque nunca lo vi escrito, pido disculpas por el poco orden y concierto de la narración, pero a estas alturas ya nada tiene sentido, ni siquiera la muerte.

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