Una fiesta escénica sobre un Cristóbal Colón iconoclasta y heterodoxo.

ebierzo | 16 Noviembre 2005 |

Un amplio reparto de catorce intérpretes ponen en escena La barraca de Colón, montaje escrito y dirigido por Fernando Urdiales para Teatro Corsario que aporta una visión iconoclasta y heterodoxa del navegante Cristóbal Colón, del que se celebra el año próximo el quinto centenario de su fallecimiento. La barraca de Colón se estrenó con espléndidas críticas el pasado 14 de octubre en Salamanca con motivo de la Cumbre Iberoamericana. Fernando Urdiales, director de Teatro Corsario, la compañía más destacada del panorama teatral regional, ha asumido en esta ocasión también la escritura de la obra, ubicando la acción en una barraca de feria, donde un grupo de cómicos desaliñados, decadentes y con vocación de perdedores recrearán a su manera la vida de Colón. Podemos verla el próximo viernes a las 21:30 horas en el teatro Bergidum.

Animalario, la barraca de Colón

“La barraca de Colón se ubica en un territorio tan particular como lo es el de las barracas de feria. Una trouppe de artistas de circo y variedades, marginales y defectuosos, representa la vida del Almirante a su modo, aportando una visión iconoclasta del héroe, que nos acerca a su perfil más humano y a su faceta de engañador engañado, de perdedor, en definitiva, que es la alegoría más común del héroe contemporáneo”, ha escrito Urdiales a propósito del montaje.
Catorce actores, todos ellos habituales colaboradores de Teatro Corsario, integran el reparto de esta ambiciosa empresa de la compañía vallisoletana cuyo anterior montaje, Celama, realizado en régimen de coproducción con la empresa leonesa Cantárida, ha sido premiado en el último Festival de Rivadavia y galardonado con el premio ‘Zapatilla’ de la revista Artez.
Teatro Corsario nos descubre un Colón burlesco –ha dicho el crítico Alfonso Mendiguchí-, más cercano a la Colombina de la Comedia del Arte que a lo que la historia nos ha vendido como colombino. Un pelele con pantalones grotescos y máscara de barracón que se presenta bajo la carpa de un circo empeñado en desacralizar la historia y hurgar en los intestinos del supuesto héroe. Con guiños formales al music-hall, a Meyerhold, Brecht, o al absurdo de Beckett, los corsarios pergeñan su plan para desvelar la gran mentira –otra más– que el poder nos ha revelado. Lo hacen con el tino y la ironía de las verdades enteras dichas por un pabellón de seres marginales y defectuosos. Los ripios rimados que parecen salidos del ingenio de Gloria Fuertes van conduciendo el ritmo de un montaje extremadamente cuidado tanto estética como éticamente, convirtiéndose en una fiesta escénica en la que Urdiales propone un atrevido paseo por las entrañas del antihéroe humanizado”.

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