Las Estafas del nuevo siglo, abusando de nuestros mayores.
Me hubiera gustado publicar con nombre y apellidos los protagonistas de la siguiente historia, no tanto de la persona engañada como si la de los responsables del engaño.
Esta situación que Sergio B.Landrove nos describe, no es fruto de las extraordinarias historias que nos relata en su bitácora, sino un hecho real que se sucede en muchas más ocasiones de las que podríamos imaginar.
Es el abuso de amigos y familiares que pertenecen a una cultura en la que aún se podian fiar de la palabra de las personas.
El pasado veintiuno de abril visitó la casa de mi tía abuela en Cacabelos un comercial de la delegación en León de una Editorial para presentarle y ofrecerle las distintas promociones de su empresa.
Finalmente, mi tía aceptó un contrato en que se comprometía a adquirir los siguientes elementos: un “set” de desayuno de tres piezas con cafetera; una asadora eléctrica; la colección de diez tomos titulada “Los animales” y una edición de Don Quijote.
Al día siguiente llegaron dos repartidores para entregarle “los libros” que había adquirido y le hicieron firmar un papel de aceptación de lo recibido que, sólo después supo era una “ampliación de pedido”, las cajas que quedaron sobre la alfombra de su salón además de lo ya mencionado contenían una vajilla, una tostadora y no sé cuantos cachivaches más.
Los repartidores le dijeron que además de los 27,00 € que había pagado en el primer momento debía abonar ahora otros 81. Mi tía manifestó que no tenía tanto dinero en casa pero que les podía dar 10 € y volver otro día a cobrar el resto. Cosa que los repartidores aceptaron. A pesar de lo cual en esa “ampliación de pedido”, que mi tía no supo en ningún momento que estaba aceptando, se puede apreciar que se da como recibidos 81 €. No volvieron a cobrar el resto. Ni el primer comercial ni los comerciales-repartidores informaron a su “cliente” de la posibilidad de rescindir el contrato dentro de los siete días siguientes. Que algunos comerciales usan métodos próximos a la estafa y la coacción no es cosa nueva; pero que se aprovechen, a sabiendas, de las personas más manipulables por pertenecer a una cultura en la que aún se podían fiar de la palabra de la gente me parece deleznable.
Espero que además no sean conscientes que hacen asumir a ancianos con pensiones de risa deudas más que considerables: la deuda de mi tía con la Editorial asciende a …
… 2.160 € a pagar en catorce “cómodas”mensualidades. Y luego queda la batalla del teléfono de atención al cliente donde una presunta amable señora se pone a la defensiva antes de que tú protestes ¿quizá por qué no es culpa de un comercial perverso sino una intolerable política empresarial?Tras mandar una carta de protesta a la Delegación en León de la mencionada editorial, me llama por teléfono su gerente para decirme que el contrato es legal y ya no se puede hacer nada. Le digo que entiendo su postura pero que, como mínimo, el comercial se aprovechó de la buena fe de mi tía y de la posterior vergüenza (no dijo nada a la familia hasta una semana después cuando ya no tenía solución posible) para estafarla. Dijo que sentía no poder solucionarme el problema pero que entendiera que sería él el que tendría que hacerse cargo del pedido…
Preferí no contestar lo que se me pasó por la cabeza. Durante nuestra conversación telefónica admitió que la vergüenza de los mayores y el hecho de que no entienden bien a los comerciales les llevan a firmar contratos que no quieren lo que en ningún caso parece que les impida recomendar desde “Ediciones tal” a sus viajantes aclarar más los términos contractuales a los ancianos.
También me dijo que esta semana iban a visitar Ponferrada por lo que, por favor, avisen a sus familiares para que los ladrones no puedan hacer más negocio.

