Verónica Forqué y Santiago Ramos protagonizan el ¡Ay, Carmela! de Sanchís Sinisterra
Verónica Forqué, que repite personaje veinte años después, y Santiago Ramos son los intérpretes de la tragicomedia ¡Ay, Carmela!, puesta en escena ahora por Miguel Narros, uno de los directores más importantes del teatro español del último medio siglo.

Compañía de Miguel Narros: ¡Ay, Carmela!, de José Sanchís Sinisterra el Jueves, 2 de noviembre. 21 horas. Precio: 15 y 12 euros. Entradas a la venta a partir del día 23/10.
Carmela y Paulino son dos actores de revista que en plena Guerra Civil española actúan en la España republicana. A causa de un error cruzan las líneas y son hechos prisioneros por los franquistas. Éstos les ordenan que representen un espectáculo para sus tropas y que incluye una parodia contra la República, para hacer burla de brigadistas internacionales que van a ser fusilados. Carmela, indignada, subvierte espontánea-menta dicha parodia pese a los intentos desesperados del apocado Paulino, y acaba siendo fusilada también. Paulino queda solo y no tiene más consuelo que emborracharse y recibir las visitas del espíritu de Carmela. La obra se construye como un gran flash back a partir de los recuerdos de Paulino y de Carmela muerta, e incluye numerosas referencias tanto de tipo político como al teatro popular de la época.
Estrenada por vez primera el 5 de Noviembre de 1987, también interpretada en aquel momento por Verónica Forqué, acompañada de José Luis Gómez, ¡Ay Carmela! se ha convertido desde entonces en uno de los textos más representados de la historia del teatro español contemporáneo, llevado al cine con éxito por Carlos Saura, con Andrés Pajares y Carmen Maura como intérpretes. “Hace ahora veinte años –confiesa el autor-, cuando escribía las últimas líneas de esta obra -con Carmela enseñando a los muchachos de las Brigadas internacionales a pronunciar los nombres del mapa de su muerte: Belchite… Aragón… España-, no podía yo ni imaginar que estas palabras resonarían, con acentos muy diversos, en horizontes tan dispares como Uruguay, Turquía, Suecia, Brasil, México, Alemania, Cuba, Inglaterra, Argentina, Bosnia, Francia, Chile… y un largo etcétera.

Creía, sinceramente, haber escrito un texto humilde y “barato” para que mi modesta compañía de aquellos años, El Teatro Fronterizo, recorriera las tierras de España recordando a mis olvidadizos compatriotas que, cincuenta años atrás, en 1936, las fuerzas más oscuras y retrógradas de nuestra sociedad -tan vocingleras aún hoy- habían desencadenado una feroz guerra fratricida, cuyas heridas no habían sido todavía restañadas”.
La obra de Sanchís Sinisterra siempre presenta un continuo movimiento entre la tradición y las líneas dramáticas contemporáneas, del que es un buen ejemplo su obra Ñaque (1980). El autor señala que “en estos veinte años transcurridos he tenido ocasión de ver algunas de estas extrañas “transustanciaciones” de Carmela, que parece, efectivamente, no querer borrarse, no resignarse al olvido, esa segunda muerte de los muertos… Pero, sin desdoro de otras espléndidas actrices que, tanto en España como fuera de ella -por no hablar de otros tantos magníficos Paulinos-, mi recuerdo preserva nítidamente, debo confesar que la perspectiva de reencontrarme con la Carmela originaria, es decir: con Verónica Forqué, tiene algo de insólito bucle temporal, de acontecimiento mágico. ¿A qué travieso tejedor de destinos debo agradecer tamaño regalo?”




[...] La imagen de aquí [...]