El dialécto berciano de Antonio Fernández y Morales
Que distribuimos por primera vez mediante un sistema multilingüe, un artículo de colaboración que nos envía Xavier Lago Mestre.
S1 comenzamos por la introducción de Cubí y Soler comprobamos continuamente la jerarquía idiomática que fija, lengua general, dialectos y subdialectos. El idioma general está representado por la lengua española. En la cual se debe realizar la enseñanza, “enhorabuena que en todos los centros educativos, la lengua enseñante y enseñada, sea él dialecto de Castilla, elevado hoy a idioma nacional (…)”. Todo lo demás sonidos sencillos dialectos que deben ser solo objeto de peculiar respeto, “pero que no se desprecien por esto los demás dialectos (…)”. Queda claro que el régimen jurídico de los idiomas del Estado está jerarquizado y será discriminatorio respecto al reconocimiento de oficialidad con el resto de “dialectos” minorizados.
En el caso de nuestro idioma gallego, Cubí y Soler destaca el fuerte dialectismo, “así particularidades que separan él Berciano de los dialectos y subdialectos gallegos hermanos suyos (…)”. Todo lo contrario de lo que representa la unidad del idioma nacional, del Estado. Además claro está que este último se diferencia claro del resto de “dialectos” por razones de funcionalidad,la lengua general se ha cultivado más, se ha enriquecido y engrandecido más, se ha elevado, se ha hecho más a propósito para la filosofía, para la poesía, para todo lo vasto, lo abstracto, lo explicativo en artes y ciencias (…)”. Por otro lado, el resto de lenguas minorizadas sirven para otras tareas inferiores, “pero los dialectos siempre son mas a propósito para lo genuino, lo cándido, lo simple, lo sencillo, lo inocente, para cuanto concierna en suma a la vida y costumbres primitivas de un pueblo (…)”. Este paternalismo idiomático en el fondo esconde una orgullosa ideología diglósica: cada lengua tiene sus funciones naturales bien jerarquizadas.
El propio Fernádez y Morales comparte esta diglosia lingüística cuando comenta “verdad que hoy aparecería ridículo hablar desde la academia, ó de la cátedra, y hasta en la familiar conversación entre las gentes de la clase media el lenguaje de los dialectos (…)”. Este autor tiene muy clara la relación idiomática entre lo berciano y el gallego, “si bien el berciano es un subdialecto gallego, se castellaniza á medida que los pueblos del país de que me ocupo se van acercando á Castilla, ó se galleguiza completamente según que sus opuestos confines van tocando los de Galicia (…)”. A continuación comenta que ofrece las esencias del berciano, “con el fin de evitar las dos opuestas influencias castellana y gallega, y de presentar el berciano en su mas aislada individualidad, ó lo mas puro y castizo posible (…)”; razón por la cual elige, como objeto de su trabajo, “el lenguaje que se habla en el centro del Bierzo bajo, ó sea el que se halla encerrado dentro de los límites de su valle (…)”. Interesante también resulta su visión de la diferencia entre uso y conocimiento generalizado del gallego entre la población de la región, “si bien el dialecto berciano es de uso común solamente entre las masas, no por eso es desconocido ni desdeñado por las personas que forman la clase distinguida de la sociedad del Bierzo, por más que en sus relaciones y trato entre si se sirvan exclusivamente del idioma castellano (…)”.
Los estudios filosóficos actuales nos permiten tener un conocimiento más acomodado sobre la situación de los idiomas del Bierzo. Así, por lo que toca al gallego-berciano, sabemos que su dialectismo se manifiesta en las variedades de las hablas del occidente/oriente o del sur/norte (donde destaca el ancarés). Variedades dialecticas que soy fruto de la influencia de otras lenguas vecinas, ástur-leonés y castellano, y de nuestra peculiar orografía regional (valles montañosos parcialmente aislados). Pequeñas diferencias dialécticas del gallego-berciano que se manifiestan en el léxico, la fonética. La verdad es que el gallego-berciano no tiene especificidad suficiente para denominarlo dialecto, a cuyo objeto surge integrado en la unidad que llamada “bloque dialectal oriental” del idioma gallego del noroeste peninsular, compartiendo características comunes con el que se habla en las comarcas vecinas de Navia-Eo, Valdeorras, El Bolo, La Mezquita y las Portelas. Lo importante no es destacar estas diferencias dialécticas entre territorios que compartimos la misma lengua gallega desde la Edad Media, sino normalizar el uso público de este idioma en todos los campos (enseñanza, administracines oficiales, medios de comunicación, nuevas tecnologías, etc). Y para conseguir este objetivo esencial precisamos de una norma idiomática (normativar) que nos permita a los falantes gallegos, vivamos en Tui, A Coruña, Ourense o Ponferrada, la comunicación plena en este siglo XXI, y tenga capacidad de adaptación continuada a las modernas tecnologías informáticas. Idioma gallego que no debe arruinar nunca la consecución de la unión cultural con la comunidad portuguesa-brasileña.
Se comezamos pola introducción de Cubí i Soler comprobamos continuamente a xerarquía idiomática que fixa, lingua xeral, dialectos e subdialectos. O idioma xeral está representado pola lingua española. Na cal se debe realizar o ensino, “en hora buena que en todos los establecimientos de educación, la lengua enseñante i enseñada, sea el dialecto de Castilla, elevado hoi dia a idioma nacional (…)”. Todo o demais son sinxelos dialectos que deben ser só obxecto de peculiar respecto, “pero que no se desprecien por esto los demas dialectos (…)”. Queda claro que o réxime xurídico dos idiomas do Estado está xerarquizado e será discriminatorio respecto ao recoñecemento de oficialidad co resto de “dialectos” minorizados.
No caso do noso idioma galego, Cubí i Soler salienta o forte dialectismo, “así las particularidades que separan el Berciano de los dialectos i subdialectos gallegos hermanos suyos (…)”. Todo o contrario do que representa a unidade do idioma nacional, do Estado. Ademais está claro que este último se diferencia claramente do resto de “dialectos” por razois de funcionalidade, “la lengua jeneral se ha cultivado mas, se ha enriquecido i engrandecido mas, se ha elevado, se ha hecho mas a propósito para la filosofía, para la poesía, para todo lo vasto, lo abstracto, lo explicativo en artes i ciencias (…)”. Pola outra banda, o resto de linguas minorizadas serven para outras tarefas inferiores, “pero los dialectos siempre son mas a propósito para lo genuino, lo cándido, lo simple, lo sencillo, lo inocente, para cuanto concierna en suma a la vida i costumbres primitivas de un pueblo (…)”. Este paternalismo idiomático no fundo agocha unha fachendosa ideoloxía diglósica: cada lingua ten as súas funciois naturais ben xerarquizadiñas.
O propio Fernádez y Morales comparte esta diglosia lingüística cando comenta “verdad que hoy aparecería ridículo hablar desde la academia, ó de la cátedra, y hasta en la familiar conversación entre las gentes de la clase media el lenguaje de los dialectos (…)”. Este autor ten moi clara a relación idiomática entre o berciano e mailo galego, “si bien el berciano es un subdialecto gallego, se castellaniza á medida que los pueblos del país de que me ocupo se van acercando á Castilla, ó se galleguiza completamente según que sus opuestos confines van tocando los de Galicia (…)”. A seguir comenta que procura as esencias do berciano, “con el fin de evitar las dos opuestas influencias castellana y gallega, y de presentar el berciano en su mas aislada individualidad, ó lo mas puro y castizo posible (…)”; razón pola cal elixe, como obxecto do seu traballo, “el lenguaje que se habla en el centro del Bierzo bajo, ó sea el que se halla encerrado dentro de los límites de su valle (…)”. Interesante tamén resulta a súa visión da diferencia entre uso e coñecemento xeneralizado do galego entre a poboación da rexión, “si bien el dialecto berciano es de uso común solamente entre las masas, no por eso es desconocido ni desdeñado por las personas que forman la clase distinguida de la sociedad del Bierzo, por mas que en sus relaciones y trato entre si se sirvan exclusivamente del idioma castellano (…)”.
Os estudos filolóxicos actuais permítennos ter un coñecemento máis axeitado sobre a situación dos idiomas d´O Bierzo. Así, polo que toca ao galego-berciano, sabemos que o seu dialectismo se manifesta nas variedades das falas do occidente/oriente ou do sur/norte (onde destaca o ancarés). Variedades dialectais que son froito da influencia doutras linguas veciñas, ástur-leonés e castelao, e da nosa peculiar orografía rexional (vales montañosos parcialmente illados). Pequenas diferencias dialectais do galego-berciano que se manifestan no léxico, a fonética ou a morfosintaxe. A verdade é que o galego-berciano non ten especificidade suficiente para denominalo dialecto, por iso xorde integrado na unidade que forma o chamado “bloque dialectal oriental” do idioma galego do noroeste peninsular, compartindo características comuis co que se fala nas comarcas veciñas de Navia-Eo, Valdeorras, O Bolo, A Mezquita e mailas Portelas da Seabra. O importante non é salientar estas diferencias dialectais entre territorios que compartimos a mesma lingua galega dende a Idade Media, senón normalizar o uso público deste idioma en todos os eidos (ensino, administraciois oficiais, medios de comunicación, novas tecnoloxías, etc). E para acadar este obxectivo esencial precisamos dunha norma idiomática (normativar) que nos permita aos falantes galegos, vivamos en Tui, A Coruña, Ourense ou Ponferrada, a comunicación plena ao longo deste século XXI, e teña capacidade de adaptación continuada ás modernas tecnoloxías informáticas. Idioma galego que non debe estragar nunca a consecución da unión cultural coa comunidade portuguesa-brasileira.


Muy interesante.
Como siempres Xavier lago aportando su granito de arena al conocimiento del patrimonio cultural berciano.
agradecido pola edición na túa web do meu artigo. Entre todos axudamos millor a comprender a amplitude e complexidade da nosa cultura berciana. Sigamos todos por este camiño de coñecemento compartido.Apertas