Llega al Bergidum El método Grömholm, el mayor éxito de la cartelera española
Una serie de aspirantes a un puesto de trabajo se ven sometidos a unas crueles y absurdas pruebas de selección en las que nada es lo que parece. Ése es el esquema de El método Grömholm, una obra de Jordi Galcerán que se ha convertida en el gran éxito del teatro español de los últimos años y que llega ahora al Bergidum con el reparto original de la función madrileña, encabezado por Carlos Hipólito y Cristina Marcos, bajo la dirección de la británica Tamzin Townsend.

16 de marzo. 21 horas . Producciones Teatrales Contemporáneas: El método Grömholm, de Jordi Galcerán.
[precio: 12 euros (10 para jóvenes, parados y pensionistas)] [entradas a la venta a partir del 12 de marzo] [duración: 110 minutos sin descanso] www.ptcteatro.com .
Escrita por Jordi Galcerán inicialmente para el mercado catalán, El método Grömholm se ha convertido en uno de los éxitos del teatro español más contundentes de los últimos años. La adaptación al castellano ha estado llenando el teatro durante tres temporadas y mantiene el nivel de público actualmente a pesar de cambiar el reparto encabezado por Carlos Hipólito (ganador del Premio Mayte de Teatro por su trabajo en esta función) y Cristina Marcos, que ahora está de gira por toda la geografía española. La pieza ha sido estrenada en Argentina y en varias capitales europeas y llevada al cine por Marcelo Piñeyro con Carmelo Gómez, Natalia Verbeke y Eduardo Noriega entre sus intérpretes.

“La idea de la obra –dice el autor- nace de una anécdota real. En una papelera de Barcelona se encontraron una serie de documentos en los que un empleado del departamento de personal de una cadena de supermercados había anotado sus impresiones sobre las posibles candidatas a un puesto de cajera. Los comentarios estaban llenos de frases machistas, xenófobas y crueles del tipo “gorda, tetuda…”, “moraca, no sabe ni dar la mano…”, “voz de pito, parece idiota…”, etc. Aquel empleado, escudado en la sagrada misión que le había sido encomendada, se creía con derecho a emitir y poner por escrito aquellas sandeces sobre una serie de personas a las que no conocía de nada. El hecho de tener el poder para otorgarles o no un trabajo le legitimaba para ser cruel, implacable. Imaginé a esas pobres chicas intentando dar una buena imagen de si mismas, una imagen empresarialmente correcta, intentando hacer lo que creían que se esperaba de ellas, dispuestas a soportar incluso pequeñas humillaciones para conseguir ese trabajo que necesitaban”. Eso es lo que hacen, llevándolo hasta el extremo, los personajes de El método Grönholm, porque no importa quiénes somos ni cómo somos, si no lo que aparentamos ser. Nuestra auténtica identidad no le importa a nadie, ni a nosotros mismos. De estos pequeños efectos colaterales del capitalismo es de lo que habla esta comedia.

“En El método Grönholm –ha dicho la crítica- el texto es realmente ágil e ingenioso y, sobre todo, comprensible para el espectador, salvando con habilidad las posibles dificultades de los juegos de enredo y confusión. El final es inesperado, de esos que piden al espectador que no lo desvele, y no sólo impacta sino que hace reflexionar a la salida de la sala”.

