La Cruz de Ferro
Una vez pasado Foncebadón se llega a la cumbre del Irago, de unos 1.500 metros de altitud, donde encontramos la llamada Cruz de Ferro. Un gran poste de madera de roble con una pequeña y sencilla cruz de hierro en su cúspide. La base la forma un gran amontonamiento de piedras de todos los tamaños.
Parece ser que aquí hubo un altar dedicado a Mercurio, protector de caminantes, a quien los viajeros dejaban un guijarro, costumbre que continuaron los segadores gallegos que pasaban por este enclave por primera vez camino de Castilla a segar y que en la actualidad los peregrinos han hecho suya la costumbre.
(Algunos estudiosos dicen que su origen está en el periodo de ocupación romana, en los hitos o mojones que marcaban la separación de dos circunscripciones territoriales).

Acuarela de la Cruz de Ferro Antón Hurtado.

