Causalidad
Abril 29, 2008
Un cuento de Sergio B. Landrove.
Álvaro hablaba por el móvil con Elena mientras agosto le castigaba con su bochorno. El enamoramiento le daba fuerzas para arrancar palabras suaves del vientre del verano. Se llamaban dos o tres veces al día para decirse vi tal, me crucé con cual,… Personas, cosas y situaciones con las que intentaban romper la distancia. Mientras compartían lo hecho por la mañana, Álvaro andaba lentamente, calle arriba y abajo, sin alejarse demasiado de la puerta de su oficina. Desde el recibidor el portero le sonreía recordando escenas similares que él, en su juventud, había protagonizado. La sombra de Álvaro refrescaba una pequeña parcela de la acera. A aquel oasis llegó una araña que aliviada se detuvo a reposar. Al instante, (el enamorado había cambiado de sentido) los rayos del sol volvieron a caer a plomo sobre el animalito que contempló asombrado como la dulce oscuridad se alejaba. Pasado un rato el frescor volvió a arroparlo, miró hacia arriba y descubrió la fuente. «Va y viene el hombre a un ritmo fijo», calculó tras varias vueltas de Álvaro, «si me coloco allí estaré fresca durante todo su trayecto». La araña se subió a una piedra que estaba casi en el centro de la órbita de Álvaro.


